martes, 19 de mayo de 2015

Convertirá el neoliberalismo vigente a Europa en un inmenso campo de concentración?






Ricardo Herreras Santamarta/




                                                          LA SOLUCIÓN ¿FINAL?

Con el 70º aniversario del fin de la II Guerra Mundial, los muchos escritos aparecidos en prensa acerca del horror de Auschwitz ganarían en honestidad si pusieran un mayor énfasis en analizar los VERDADEROS factores ideológicos, económicos y sociales que condujeron a la "solución final", máxime cuando los mismos no han desaparecido del todo. Al contrario.

El llamado Holocausto no fue consecuencia única y exclusiva de la “banalidad del mal”, la ya un tanto cansina cita de Hannah Arendt. El mal -entendido al estilo kantiano, esto es, como “ausencia del bien”- existe y tiene acomodo en las distintas fronteras de la condición humana, qué duda cabe. Pero en últimísima estancia,  Auschwitz (y Treblinka, Sobibor, Bergen Belsen, Mauthausen…) hubiera sido inconcebible sin conceptos tan familiares como “planificación industrial”, “productividad”, “máximo rendimiento”, “eficiencia tecnocrática”, “competitividad”, “recursos humanos”, “burocratización”, etc., etc.

En otras palabras: Auschwitz fue el colofón exacerbado y terminal del liberalismo económico capitalista del siglo XIX, de su pragmatismo amoral, alienación salvaje, explotación laboral, socialdarwinismo feroz y colonialismo racista. Guste a quien guste y pese a quien pese.

            Por cierto, a la primera que incomodaba esta conclusión aba mucho era a la propia Arendt, cuyos trabajos siempre fueron financiados por notorias instituciones capitalistas y quizás por eso prefirió pasar de puntillas ante cuestiones tan “molestas” (sí, casi nadie muerde la mano que le da de comer). Como a los victoriosos aliados occidentales, que dejaron irse de rositas a toda la oligarquía industrial y financiera alemana que se había forrado bajo el II Reich. Y mucho más a estos impresentables gobiernos de la UE, los cuales festejan la derrota nazi mientras imponen el austericidio económico, utilizan la OTAN para atacar Libia, azuzan el conflicto ucraniano o se muestran incapaces de ayudar a los masacradosde Irak, Afganistán o Palestina.

Si la Historia debe servir para entender el presente actualizando el pasado, entonces hay que empezar a sospechar que muchos de los voceros que se rasgan las vestiduras por lo ocurrido en Alemania entre 1933-1945 en realidad están omitiendo que aquellas criminales técnicas de exterminio siguen palpitando hoy en los pozos negros del despiadado neoliberalismo vigente.

                                                                                  RICARDO HERRERAS



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