domingo, 3 de mayo de 2015

Viaje al fin de la noche. Rutas por los abismos y pesadillas de la condición humana.







Ricardo Herreras Santamarta/



                                                      VIAJE AL FIN DE LA NOCHE
La verdad es que en esta desusada sección de LA AGENDA INTERESANTE en LA CEPEDA NOTICIAS ya tenía ganas de hablar, aunque solo sea un poco, de la novela que en plena adolescencia me marcó para siempre. Esa que me dejó a la vez atónito, seducido y fascinado por su pesimismo atroz y desasosegante negrura. Esa que me enseñó que, en definitiva,  hay que estar dotado de mil demonios internos, una dolorosa lucidez y buenas dosis de mala uva para escribir algo auténtico, perdurable y que merezca la pena.
A través de su alter ego Ferdinand Bardamu, el polémico, genial e influyente escritor francés Louis-Ferdinand Céline transita en esta obra maestra escrita en el ya lejano año de 1932 por algunas de las experiencias vitales más extremas de principios del pasado siglo XX (como la locura homicida de la Gran Guerra, la supervivencia en unas colonias africanas África convertidas en auténtico “corazón de las tinieblas” y reflejo de los peores monstruos del Occidente capitalista, la durísima vida como inmigrante en una América kafkiana), a las que habría que sumar la estancia en un sombrío frenopático para huir de la citada contienda, la asistencia como médico a pacientes terminales de los barrios bajos o el amor imposible hacia una prostituta. 

Pero lo que haceúnico por perturbador a este libro es el modo en que Bardamu emprenderá esa odisea infernal, esto es, dejando de lado cualquier atisbo de heroísmo y esperanza, vomitando un sarcástico, brutal y cínico desprecio contra todo y contra todos.
Todo ello con una prosa jergal, desinhibida, tensa, quebradiza, violenta y lacerante, rica en comas, interjecciones y puntos suspensivos que a ratos roza la procacidad y que acaba provocando un efecto de pegajosa sordidez en el lector. Destaca asimismo su marcado gusto por encadenar unas frases lapidarias (como curiosidad, al segundo capítulo dejé de subrayarlas, porque de lo contrario tendría que haber subrayado todo el libro) que, una tras otra,  suenan como auténticos cañonazos de dinamita verbal. 
Con el paso de los años, con mi particular bagaje de heridas en el corazón y cicatrices en el alma, sigo sin justificar el proceder de su protagonista y muchísimo menos el trasfondo ideológico que de algún modo explicaría la ubicación política de su controvertido autor (virulento antisemita, filofascista y colaboracionista bajo el régimen de Vichy) tiempo después tras el pacifismo anarcoide de sus inicios. Pero admito que cada vez entiendo más al torturado Bardamu, su nula creencia en la bondad y la honradez, su nihilismo, su desencanto, su amargura, su escepticismo. Porque su particular viaje al fin de la noche no es más que eso, una de las más descarnadas y sobrecogedoras rutas por los abismos y pesadillas de la condición humana, desde la zafiedad de los que desde arriba manejan el cotarro a la mezquindad de un pueblo convertido en populacho/chusma.
Cima literaria genial, absoluta, redonda, total, definitiva, de lectura imprescindible y relectura periódica.
RICARDO HERRERAS



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