martes, 4 de mayo de 2021

ARCÓ advierte sobre una inminente invasión de instalaciones para producir energía en la Cepeda.

 

 


 Una invasión de instalaciones destinadas a la producción de energía solar y eólica que no tiene precedentes, llegará a León en los próximos meses. La Cepeda será una de las comarcas más afectadas ya que entre otras cosas, cientos y cientos y cientos de hectáreas de terreno serán invadidas por infinidad de paneles solares que traeran graves consecuencias medioambientales y económicas. La devastación de miles de hectáreas de terreno, la devaluación económica de las viviendas, empresas y otras propiedades locales, así como el daño que ocasionará a las explotaciones agrícolas y  agricultores de la zona, serán algunas de esas consecuencias.

Se trata de unas instalaciones que no generarán empleo -salvo las escasísimas contrataciones temporales y los pocos menús del día que puedan venderse mientras instalen los paneles- y revertirán de forma muy negativa en la zona: el turismo rural y la hostelería local serán algunos de los sectores más afectados. Pero además, tras las décadas de explotación, la Cepeda puede llegar a convertirse en un vertedero de chatarra industrial: el modus operandi de las empresas puede propiciarlo.

 Es por ello, que ante la falta de información a los vecinos, veraneantes o cualquier otra persona con intereses o empresas en la zona, desde la Asociación Rural de Cepeda y Órbigo hemos considerado que una actitud responsable por parte de la asociación,  pasaba por advertir sobre esta inminente INVASIÓN ENERGÉTICA DE DIMENSIONES APOCALÍPTICAS.

A continuación se publica el texto enviado por ARCÓ.

 


 

Paisanos, parques solares y eólicos.

Desde la asociación ARCÓ, a continuación, vamos a explicar de una forma sencilla lo que puede venirse encima.

 

Un comercial de una gran empresa energética —de unos grandes inversores— llega a un pueblo para prometer mucho dinero. El paisano o paisana —persona común, corriente— al escuchar la palabra dinero inmediatamente abre sus oídos.

Alguno cree en el fondo que el dinero entregado irá a parar a sus bolsillos de una u otra manera: tendrá un móvil nuevo, con lo cual, mayor bienestar y felicidad. El pueblo se llenará de gente que visitará esas grandes obras: bellas para este paisano o paisana.

Estas nuevas gentes adorarán esa belleza plástico-metálica y a este paisano por su impresionante móvil nuevo. El trabajo no faltará, el pueblo se llenará de niños que saludarán al paisano o paisana sorprendidos por su móvil nuevo 5G. Cada año en Navidad las luces del pueblo enlucido se verán desde la Luna, de lo que el paisano o paisana se sentirá muy orgulloso. Las fiestas serán las mejores pues estarán amenizadas por la más cara orquesta y la más cara discoteca móvil, con la mejor música riguitonera. Se pondrán en el pueblo los más modernos adoquines y no dejarán una gota de barro, y al ser reversibles, cada año se les dará la vuelta para que sean diferentes según el año par o impar: serán los más originales entre todos los pueblos. Harán una gran biblioteca para fiestas. Todo ello, dinero, móvil nuevo, mucha gente en el pueblo, belleza artificial cubriendo los campos, luces cegadoras, discotecas, adoquines y bibliotecas para fiestas, incrementarán el orgullo del paisano o paisana, y su bienestar, y su felicidad.

Nunca el paisano ni la paisana se preguntaron para que vale un ratón. Bueno sí, para nada, aunque realmente valiera para investigar las vacunas del maldito virus de la gripe o del COVID. La liebre con pelo suave y rápida, corriendo o con patatas, extinguida. El oso que nos daba su bilis para los operados de vesícula, por cierto, muy rico con patatas, extinguido. El cangrejo de herradura que da su sangre para la vacuna del COVID.... en algunas frases como esta hay que saber. Hay que saber distinguir la ironía, el chiste, de la realidad, por lo que recomiendo que busque las posibilidades que nos dan las nuevas investigaciones con esos animales o plantas que para usted no valen nada. Posibilidades que aún, quizá no se han encontrado en una especie de "mala hierba" que el paisano o la paisana no quiere ni ver. Falta de visión.

Nunca se preguntó el paisano ni la paisana para que valía mirar al horizonte y poder respirar sin ruidos, sin vistas artificiales de molinos gigantes o aumento de calor por los paneles solares. Bueno sí, para nada, decía. Aunque según la ciencia valiera para incrementar nuestro bienestar físico y mental solo contemplar la naturaleza salvaje del país. Y observando mucho, se puede ver dónde está el hongo de la penicilina-antibiótico que tantas vidas humanas salva. Que salvó al paisano y a la paisana. 

Esas 100, 400, 800 hectáreas que antes daban trabajo a 3, 5, 10 personas —con nuevos cultivos y ganaderías lo darían a muchos más—, ahora dan trabajo a dos que limpian con una máquina especial los paneles solares y sulfatan el suelo.

Esas visitas al pueblo de los familiares y gentes se vieron reducidas hasta desaparecer por la tristeza que daba ver esos paneles o molinos eólicos que invadían todo, y las gentes a las que les gustaría vivir en un pueblo, vieron que eso no era un pueblo y no fueron más nunca.

Allí donde los molinos, donde los cazadores, donde el pastor, donde los visitantes paseaban pagando cafés o bocadillos en el bar y decían "...vaya sitio guapo...", allí, dos técnicos especializados tenían trabajo haciendo el mantenimiento de 300 molinos al año.

En estos pueblos, primero la dignidad hipotecada. Después el dinero sin sentido mermado por la especulación de los precios de la luz y de una nueva fuente de energía barata dejó sorprendido al paisano o paisana. 

En realidad, el pueblo desapareció en los 6 meses que duró la instalación de los eólicos y paneles, en los 6 meses que duró el trabajo que dieron a 50 personas de la zona que fueron al paro tras esos 6 meses y a buscarse la vida otra vez —por última vez como paisano de un pueblo— a una gran ciudad. 

Nadie se pudo buscar la vida en este pueblo con el 30 por ciento, o la mitad ,o el 80 por ciento de su suelo ocupado y cercado. Y tampoco nadie quiso visitarlo para ver sus montes corrompidos.

Tras 40 años de discusiones por el dinero y por haber puesto aquello aquí, sin posibilidad ya de quitarlo, con el agua contaminada por herbicidas, sin campo, con aumento de la temperatura por la gran extensión de paneles, muere el último habitante del pueblo.

Los tejados, espacios sin vida, vacíos. Este modelo energético de la codicia deja a los tejados de las casas sin paneles solares y sin pequeños eólicos. A las casas sin tejados y a las casas sin gente.

El pueblo pasa de la gestión de la compañía energética a la de un ruso o chino rico que va a seguir invirtiendo para seguir sacando el dinero que corrompe, estropea y destruye, pero que da la prosperidad y la felicidad.

 

Firmado por:

 ARCÓ Asociación Rural Cepeda Órbigo.

 

 

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